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Confianza y al ataque. Era el mensaje de Pep Guardiola a sus hombres después de caer en el derby ante Espanyol el sábado, un mesaje que despejó pocas dudas en Lyon donde lo mejor fue, sin duda, el resultado.

Y es que justo cuando llegan los partidos clave de la temporada el Barça empieza a flojear y a dar síntomas de cansancio. En Lyon el equipo volvió a sufrir, se mostró frágil en defensa y demostró que no crea ocasiones con la facilidad de hace pocas semanas. Eso sí, al menos no perdió.

El bache físico y de juego ha llegado, podía pasar. El Olympique, el rocoso líder de la liga francesa, lo demostró en un partido típico de la competición más grande...

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Guardiola dibujó un planteamiento valiente. Apostó por el grueso de los que cayeron el sábado y buscó un once de ataque en campo contrario y en eliminatoria a doble partido. ¿Temerario? Quizá, pero una apuesta de estilo y de carácter.

El problema es que sobre el césped los que salieron a comerse la hierba fueron los franceses. Cuando los azulgrana se dieron cuenta ya perdían 1-0. Fue una falta escorada, lejana, casi intrascendente, pero el lanzamiento del especialista Juninho cogió una parábola que dejó en evidencia a Valdés y se coló por la escuadra del segundo palo dejando helado al barcelonismo entero (1-0, 7').

Un mazazo duro que desorientó al Barça y animó todavía más a los locales. Benzema, el delantero de moda, perdonó el segundo en un mano con Valdés segundos más tarde. Fue un cuarto de hora para olvidar, con un Barça tan frágil como irreconocible.

Solo Eto'o apareció fugazmente. Gran pase de Xavi al espacio, el camerunés se revolvió en un palmo de terreno y tiró con la puntera al palo derecho de Lloris.

La ocasión fue un espejismo pero frenó un poco el ímpetu inicial del Lyon. Un mal despeje de Valdés acentuó la sensación de inseguridad que acumula el meta pero Keita (el del Lyon) no supo aprovechar el regalo y tiró fuera.

Tampoco Benzema, negado ante puerta, supo batir a Valdés, esta vez por culpa de la madera (26'). El Barça no encontraba su sitio, el Olympique parecía ir a una velocidad más y el rondo azulgrana no aparecía por ningún sitio.

Solo al final, quizá producto del desgaste de los galos, el Barça empezó a trenzar jugadas. Jugadas, que no ocasiones de gol, pues los de Pep nunca supieron abrir la fortaleza de los líderes de la liga francesa. Un remate de cabeza de Busquets, al filo del descanso, fue la única llegada con peligro real del Barça.

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